Un equipo fuerte en terreno desconocido
La empresa corría sus aplicaciones en VMs. El equipo era fuerte en IA e investigación, pero no tenía experiencia con la nube ni con DevOps. Cada deploy dependía de trabajo manual, y el entorno no escalaba solo.
Desde el principio quedó claro que el trabajo tenía dos partes: construir la infraestructura y dejar al equipo capaz de operarla sin mí.
Construir
Diseñé y armé la infraestructura desde cero en AWS. Las aplicaciones pasaron a contenedores en ECS, las imágenes a ECR, y la base de datos pasó a ser gestionada en RDS. Configuré la red con VPC y security groups, los permisos con roles de IAM, el load balancer y los logs centralizados en CloudWatch.
Toda la infraestructura se escribió en módulos de Terraform y se entregó en el propio GitHub del cliente, integrada al pipeline de deploy. Nada quedó dependiendo de una cuenta mía o de un paso manual que solo yo conocía.
Entregarla a quien la va a operar
Como el equipo no era de infraestructura, la entrega incluyó una guía operativa y la documentación de la infraestructura: cómo publicar, cómo escalar, dónde mirar cuando algo sale mal. La idea era que pudieran operar y evolucionar el entorno sin depender de la consultoría.
Qué cambió
En unas cinco semanas, la empresa pasó de VMs a un entorno en contenedores, con deploy automatizado y escalabilidad controlada, y con un equipo capaz de cuidarlo.
Lo que me llevo
Con un cliente sin conocimientos de DevOps, la documentación es parte del producto. Una infraestructura que solo yo entiendo se vuelve un punto único de falla, solo que con forma de persona.